SALTA

Historias, promesas y cientos de kilómetros rumbo al Milagro

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Cada septiembre, Salta vuelve a vivir una de sus tradiciones religiosas más arraigadas. Hombres, mujeres, jóvenes, niños y adultos mayores emprenden el camino desde distintos puntos de la provincia para llegar a la Catedral Basílica y participar de las celebraciones en honor a sus patronos tutelares.

La peregrinación es uno de los momentos centrales de una celebración que tiene sus raíces en los acontecimientos de 1692, cuando una serie de terremotos sacudió la región. Según la tradición, ante la continuidad de los movimientos sísmicos, los habitantes de Salta sacaron en procesión la imagen del Santo Cristo, que permanecía olvidada en el altar de las Ánimas.

El relato religioso señala que, a partir de ese momento, los temblores comenzaron a cesar y nació el denominado “Milagro de la conversión de un pueblo”, una expresión de fe que se mantiene y se transmite de generación en generación.

Una historia que comenzó hace más de cuatro siglos

El origen de las imágenes vinculadas al Milagro se remonta a fines del siglo XVI. El obispo de Tucumán, fray Francisco de Victoria, envió desde España una imagen del Cristo Crucificado destinada a Salta y otra de la Virgen del Rosario para Córdoba.

Luego de arribar al puerto del Callao y ser trasladadas hacia sus respectivos destinos, la imagen del Cristo fue entronizada en la iglesia matriz de Salta en 1592. Más de un siglo después, los terremotos de septiembre de 1692 marcarían el inicio de una devoción que perdura hasta la actualidad.

Cientos de kilómetros para llegar al Milagro

Las peregrinaciones del Milagro 2026 reúnen a comunidades de diferentes regiones de la provincia. Entre las más extensas se encuentra la del Decanato Norte, que parte desde Salvador Mazza y Tartagal y recorre alrededor de 400 kilómetros hasta la ciudad de Salta, con llegada prevista para el 14 de septiembre.

También recorren largas distancias las columnas provenientes de Nazareno e Iruya, con aproximadamente 340 kilómetros de camino, y las que parten desde distintos puntos de la Puna salteña, atravesando lugares como Tolar Grande, Mina Patito y San Antonio de los Cobres.

Desde los Valles Calchaquíes también llegan peregrinos de Cachi, Molinos, Seclantás y Cafayate. A ellos se suman comunidades de El Jardín, Salta Forestal, la Quebrada del Toro, Guachipas, Vaqueros, San Lorenzo, Atocha y La Ciénega, entre otros puntos del territorio provincial.

Para muchos, el recorrido implica días de caminata y el desafío de atravesar diferentes condiciones climáticas y geográficas. Pero también representa un espacio de encuentro y acompañamiento.

Durante el trayecto, los peregrinos rezan el Rosario, participan de celebraciones eucarísticas, cantan y comparten momentos de silencio. El cansancio, el frío, el calor, la lluvia y la altura forman parte del camino, al igual que la solidaridad entre quienes avanzan juntos.

Fe, promesas y una tradición que se transmite

Cada peregrino tiene su propia razón para emprender el camino. Algunos lo hacen para agradecer favores recibidos o cumplir una promesa; otros piden por la salud, la familia o el trabajo. Para muchos, además, se trata de una manera de renovar la fe y fortalecer su vínculo con Dios.

La celebración también conserva tradiciones que forman parte de la identidad del Milagro salteño. Entre ellas se encuentra la confección de la tradicional corona de claveles rojos que acompaña al Señor del Milagro durante las celebraciones, una tarea que se mantiene desde hace generaciones en manos de una misma familia salteña.

Otra de las tradiciones es el trabajo de los campaneros de la Catedral Basílica, encargados de los repiques que anuncian las principales celebraciones y convocan a la comunidad a participar de los cultos.

El momento de renovar el Pacto de Fidelidad

El camino de los peregrinos tiene como destino la ciudad de Salta y, finalmente, la multitudinaria procesión del Señor y la Virgen del Milagro.

La celebración culmina con la renovación del histórico Pacto de Fidelidad, mediante el cual el pueblo salteño reafirma su compromiso con sus patronos tutelares.

Más de tres siglos después de los acontecimientos que dieron origen a esta devoción, el Milagro vuelve a reunir a miles de personas que llegan desde distintos caminos de la provincia. Cada una con su propia historia, su promesa o su agradecimiento, pero unidas por una tradición que año tras año vuelve a poner a Salta en el centro de una de las manifestaciones de fe más importantes de la Argentina.

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