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Turismo

La temporada dejó algo más que números en el turismo del norte

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La temporada turística de verano volvió a encender el debate sobre el rumbo del turismo en el norte argentino. Los resultados que dejó el período estival reactivaron análisis y lecturas cruzadas en la región, en un contexto atravesado por cambios en los hábitos de viaje, un escenario económico desafiante y una competencia cada vez más intensa entre destinos.

En ese marco, mientras en Salta el sector turístico atraviesa un proceso de revisión tras una temporada por debajo de las expectativas, Jujuy exhibe señales de consolidación que responden a un camino de planificación y fortalecimiento del destino que se viene desarrollando desde hace varios años.

Durante décadas, el esquema turístico regional se organizó con una fuerte centralidad salteña. Salta funcionó como base de pernocte, mientras que los principales destinos de Jujuy —como Purmamarca, Tilcara o Humahuaca— formaban parte de circuitos de excursiones de un día. Ese patrón comenzó a modificarse de manera sostenida a partir de políticas turísticas orientadas a ampliar la oferta, mejorar la infraestructura y generar condiciones para que los visitantes elijan permanecer en la provincia.

En la actualidad, una proporción creciente de turistas no solo recorre Jujuy, sino que pernocta en sus localidades, extiende su estadía y consume una oferta más diversa. Este cambio no es coyuntural, sino el resultado de decisiones estratégicas que apuntaron a consolidar al destino con identidad propia, mayor capacidad hotelera, una agenda cultural activa y eventos distribuidos a lo largo de todo el año.

La temporada de verano 2026 dejó en evidencia realidades distintas dentro de la región y obligó a revisar modelos que durante años resultaron eficaces, pero que hoy enfrentan un escenario más competitivo, con transformaciones profundas en el comportamiento del turista y en la dinámica del consumo.

En los últimos días, el debate comenzó a trasladarse al plano mediático, con comparaciones entre destinos que reeditan una histórica rivalidad turística. Sin embargo, desde distintos sectores del turismo advierten que insistir en lecturas en clave de competencia directa, con ganadores y perdedores, aporta poco a un contexto que exige respuestas más amplias y articuladas.

El desafío actual pasa por dejar atrás comparaciones estériles y avanzar hacia una mirada regional, entre pares, que fortalezca la complementariedad de destinos y posicione al NOA como una propuesta integrada frente a otros polos turísticos del país. La coyuntura económica y la retracción del consumo demandan mayor articulación público-privada, planificación y cooperación entre provincias.

Más que una competencia entre destinos, el escenario que deja esta temporada refleja la evolución de modelos de gestión turística diferentes. En el caso de Jujuy, el crecimiento aparece asociado a una política sostenida en el tiempo, con identidad definida y una estrategia clara, que entiende al turismo como un proceso de largo plazo y no como un resultado inmediato.

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